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La Catedral es el monumento más visitado de nuestra ciudad. No es de extrañar porque es fascinante y totalmente diferente a cualquier otro templo que podáis visitar. Sin embargo, para mí es distinto por otras razones. Nací en una calle muy cercana cuando la Judería de Córdoba no era un enclave turístico lleno de tiendas de recuerdos y restaurantes. Entonces, era como un pequeño pueblo donde los locales eran comercios de cercanía para abstecer a los residentes. Teníamos nuestra zapatería del Bizco, la carnicería de Pili, la confitería de Manolo, la churrería de Isabel, el puestecillo de chuches de los Castro, la tienda de flores que también vendía leche fresca, el estanco de Loli, la perfumería de Alejandro, la tienda de telas de Juan, nuestra pequeña escuela-guardería frente a la puerta del Perdón y… nuestro hospital. Mis propios padres regentaban una pequeña tienda de comestibles (“ultramarinos” se llamaban).Entonces no teníamos restaurantes sino tabernas como la de Pepe y la tía Concha, donde jugábamos con Rafalín, su sobrino, entre vapores de toneles que reposaban la solera del Montilla.

También había personas relevantes e instituciones como el hospicio, el Monte de Piedad, la Oficina de Información y Turismo, el Seminario Mayor, el Obispado… Era un barrio importante porque entonces era el único hospital de Córdoba y la única catedral. En aquellos años, para los niños, el patio de los naranjos de la Catedral era nuestro patio de recreo. Allí podíamos ir a jugar sin la preocupación de los coches. Si a esto le unimos que éramos amigos de Gabrielillo, el hijo de Elena, la torrera de la Catedral, que vivía en la misma torre con su marido que era el campanero… imaginaos cómo viví la Catedral. Ya sé que no os lo podéis imaginar. Quizá en alguna otra entrada os cuente algunas fascinantes historias sobre la columna que vino del infierno o la imagen del cautivo cristiano que aún sigue llorando en el muro norte, o la del secreto de San Cristobal, capaz de conceder deseos, o la del buey reventado que trajo la última columna, o la del colmillo del elefante de Anibal colgada del techo del Mihrab, o la de la cadena de oro que se reduce año a año y cuyo último eslabón coincidirá con el fin del mundo, o la de la iglesia subterránea con sus cadáveres, o la de la capilla de las ánimas, o la del caño gordo… quizá otro día.

De momento, para que vayáis situándoos en el escenario, aquí os dejo este enlace para que podáis pasear por ella.

http://visitacatedral.promediadifusion.com/

Y si os apetece ver imágenes con fondo de rock, aquí os dejo el enlace para que escuchéis la canción “Paseando por la Mezquita” compuesta e interpretada por un grupo también cordobés de los años 70, Medina-Azahara. No dejéis de oírla si os gusta la guitarra eléctrica:

Un abrazo y hasta otra.

José Carlos Aranda

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Comentarios en: "PASEANDO POR LA CATEDRAL -ANTIGUA MEZQUITA- DE CÓRDOBA A GOLPE DE ROCK" (2)

  1. Pilar Mota dijo:

    Magnífico recuerdo Jose Carlos,no sabía que eras del barrio de la catedral, pero hay algo realmente sorprendente,la primera vez que visite la mezquita-catedral pude subir a la torre-alminar y allí vivía aún una familia. Si no recuerdo mal podría ser 1988…..y al nombrar ahora “la torrera” me vuelven los recuerdos.
    Un saludo a todos
    PILAR MOTA

  2. Maria Cabra dijo:

    Increibles sensaciones las que revive la musica de Medina-Azahara. Besos,

    Maria

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