Linguistic International Synergy

Archivo para enero, 2012

DÍA DE LA PAZ. IES EL TABLERO (CÓRDOBA)

Hi,
I’m Jose Carlos CT , I’m an English teacher at the Tablero high school. Jose Carlos Aranda invited me to write about whatever I’d like to in English.
Well, I don’t know about your European history knowledge, but I suppose you’ve heard about the Berlin Wall.

So, this is dedicated to all students and colleagues in the day we are celebrating PEACE in Spain.
I invite you to listen to and if you feel like commenting this classic song which appeared back in 1979 when the Berlin Wall seemed eternal. Nevertheless, it fell down. The song became a hymn 10 years later.
As for the video, please don’t miss it and give your opinion…
Here is the link : http://www.youtube.com/watch?v=YR5ApYxkU-U&feature=related

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¡Vamos a comer!

Pocas cosas unen tanto a los pueblos como la gastronomía. En eso de comer nos ponemos pronto de acuerdo, ¿verdad? Aunque “sobre gustos no hay nada escrito”. Tenemos la enorme suerte de contar con estudiantes de muy diversa procedencia. Así que vamos a intercambiar esas recetas que nos son tan peculiares. Cada familia tiene su plato estrella, ese que se ha transmitido por tradición, o será que asociamos su sabor al cariño familiar.

No sé vosotros, pero a mí me gusta comer. Normalmente nos alimentamos, eso no me gusta. “Alimentarse” consiste en ingerir alimentos deprisa y corriendo porque tienes que hacer otra cosa. Normalmente en solitario o compartiendo nuestras prisas con algún otro semejante acelerado, de pie o sentado en cualquier parte. Nos alimentamos entonces solo para la subsistencia, porque es necesario, porque es imprescindible hacer un alto en el camino para seguir adelante. Los diferentes horarios, las ocupaciones, el trabajo hacen cada vez más difícil esa reunión en familia en torno a un plato apetitoso que invita al placer de los sentidos conjugando el paladar y el aroma con una buena conversación regada con un vino de la tierra -otro día hablaremos de nuestros vinos de Montilla-. Pero cuando tenemos la oportunidad… cuando somos capaces de aislarnos para recrear ese ambiente anticipando el placer, bien merece que detengamos el tiempo -o nos detengamos nosotros en el tiempo- para preparar un buen plato en torno al que reunirnos. Eso es “comer” y eso me gusta.

Aquí os dejo una receta antigua que un cocinero cordobés recuperó de la cocina tradicional mozárabe. Es exquisito y nada complicado de hacer. Sin embargo, requiere dos ingredientes que no en todas las casas existen hoy día y no habrá más remedio que buscar: tiempo y cariño.

En el apartado de “Comentarios” que aparece al final de la entrada podéis dejar vuestra propia receta. Ánimo, ¡vamos a comer!

CORDERO A LA MIEL (A LA MOZÁRABE)

INGREDIENTES PARA 6 PERSONAS: 2500 kg. de cordero (pierna), 2 cebollas grandes (250/350 grs.), 200 grs. de pimientos verdes; azafrán molido, pimentón dulce, aceite de oliva (imprescindible), 1 vaso (250 cls.) de vino blanco (Montilla); vinagre de vino; 150 grs. de miel de abeja; aceite y brandy (1 copa)

En un recipiente adecuado (cazuela de barro o una buena olla) se sofríe en aceite de oliva -que cubra el fondo, a fuego medio-  la cebolla y el pimiento cortados muy finitos. Cuando ya están dorados, se apartan. En el mismo aceite doramos el cordero y lo salpimentamos suavemente  -si usamos paletillas pueden hacerse enteras, pero yo prefiero trocear la carne deshuesando previamente la pierna- para que reduzca y cuando ya lo tenemos, le añadimos el pimiento y la cebolla que habíamos apartado. Lo rehogamos y le añadimos agua hasta cubrir. Cuando empieza a hervir, le añadimos el azafrán molido (2 carterillas), eso le dará color, y una punta de cuchillo de pimentón dulce  -también se le pueden añadir granos de pimienta negra para dar un mayor punto de picante si nos gusta-. Añadimos la sal al gusto y dejamos hervir hasta que reduzca. Echamos entonces 1 vaso de vino blanco aromático (Montilla-Moriles a ser posible) y rehogamos. Cuando ya se ha reducido, añadimos 1/2 vaso de vinagre (de vino) y 1/2 vaso de miel, además de una copa de brandy. Con la miel y el vinagre conseguimos el agridulce característico de la cocina oriental. Cuando haya reducido debemos probarlo de sabor, si nos gusta más dulce añadiremos miel, si nos gusta más ácido, vinagre. También es importante dar el punto de sal y probar la dureza de la carne. Si la carne estuviera dura, añadiríamos agua y dejaríamos cocer hasta reducir.

Se aparta del fuego y se deja macerar en su propia salsa. Se calienta en el instante mismo de servir.

Hay quien aparta la carne y pasa la salsa por un “chino” o por la batidora. Yo prefiero encontrarme los trozos de pimiento y cebolla. Al gusto. También hay quien le añade especias -comino o clavo en muy pequeñas cantidades-, también admite algunas hierbas aromáticas como el romero o el tomillo -para adornar al final-

Exquisito si lo acompañamos con patatas fritas, pero también con champiñones al ajillo, o arroz en blanco, o puré de patatas, o ensalada, o… ¡La imaginación al poder!

¡Que lo disfrutéis!

1) PILAR MOTA: GACHAS CORDOBESAS (RECETA ESPAÑOLA, VER COMENTARIOS)

2) BEATRIZ VALDÉS: ROSQUILLOS (RECETA ESPAÑOLA, VER COMENTARIOS)

3) ISABELLA PAEZ Y JESÚS BOHÓRQUEZ: AJIACO COLOMBIANO (VER COMENTARIOS)

4) MASSIEL DOS SANTOS: PAN DE JAMÓN (RECETA VENEZOLANA, VER COMENTARIOS)

5) MARÍA JESÚS CORDOVA: CALZONES ROTOS (VER COMENTARIOS)

6) ELENA ÁBALOS: TORRIJAS (RECETA ESPAÑOLA, VER COMENTARIOS)

7) GIOVANNA CARNINO: BAGNA CAODA (RECETA ITALIANA, VER COMENTARIOS)

8: MARÍA LUISA CABRA: CALDERETA DE CORDERO (A LA ARAGONESA, VER COMENTARIOS)

9: FABIANA ZAPPALA: TEQUEÑOS (RECETA VENEZOLANA, VER COMENTARIOS)

10: ÁNGELES BENÍTEZ: ESTOFADO DE PASCUA (RECETA ESPAÑOLA, VER COMENTARIOS)


11: ANA PACHECHO: MANDOCA (RECETA VENEZOLANA, VER COMENTARIOS)

11: RAQUEL CABALLERO: SALPICÓN DE MARISCO (RECETA ESPAÑOLA, VER COMENTARIOS)

12: YOLANDA MORENO: TORTILLA DE PATATAS (RECETA ESPAÑOLA, VER COMENTARIOS)

 

 

13: GOLFEADOS VENEZOLANOS (VER COMENTARIOS)

 

14: MARIANA GONZÁLEZ Y JUAN TOVAR: POLVOROSAS (GALLETAS VENEZOLANAS, VER COMENTARIOS)

Poesía en vena 2011


Este acto, del que hemos celebrado este año la Tercera Edición, resulta entrañable por la intensidad que transmite. Este año, además, contamos con dos circunstancias extraordinarias: disfrutamos de la palabra, la erudición y el saber estar de un gran catedrático de la Universidad de Córdoba, don José Javier Amorós Azpelicueta, quien vino a enseñarnos que la poesía no está reñida con el Derecho ni con la ciencia sino hermanada con la vida y pulsando lo esencial del ser humano, los sentimientos; y, en segundo lugar, con la presencia de nuestros nuevos amigos americanos que asistieron al acto y recitaron al Borges que anticipa las vivencias venideras.

Tuvimos el placer de escuchar la guitarra de Joaquín Rafael y el violín de Isabel, ¡qué maravilla!, acompañando las voces de Belén y José Carlos.

 

Os invito a que os deis una vuelta por el acto. Allí encontraréis los poemas, los enlaces, los vídeos… y a vosotros, ya congelados para la memoria.

IR a  POESÍA EN VENA 2011

A todos, un abrazo. Ya mismo estamos haciendo la comida.

LA NOCHE DE REYES MAGOS

Para nosotros, los españoles, la Navidad tiene su broche de oro en la madrugada del 5 al 6 de enero. Esa es la noche de los Reyes Magos.

Para mí siempre fue el día más largo del año, ese que deseas que pase a toda prisa para que llegue la noche. En esa noche venían los Reyes Magos, que eran mágicos. Llegaban cuando ya te habías dormido y te dejaban regalos y juguetes. Como nunca sabías si habías sido los suficientemente bueno -y tú sabías a ciencia cierta que no- siempre te quedaba la duda de si los regalos serían aquellos que deseabas o, por el contrario, te mostrarían su enfado regalándote carbón. También estaba el gran reto de esperarlos despiertos para poder verlos a hurtadillas por el rabillo del ojo, aunque a mí me daba miedo porque no sabía cómo reaccionarían si me encontraban despierto. El caso es que debían ser muy sabios y debían saber cuándo estaba de verdad dormido, siempre me pillaban roncando. Todo fue así hasta los Reyes de 1962.

Nunca podré olvidarlo porque esa noche sí que los vi. Yo tenía un hermano mayor, Pedro. Pedro tenía cuatro años más y siempre presumía de que lo sabía todo. Él estaba convencido de que los Reyes Magos eran papá y mamá y nos decía en secreto, cuando los mayores no nos oían, que los Reyes Magos no existían. Para demostrarlo, nos retó a mi otro hermano mayor, Enrique, y a mí, a permanecer despiertos para sorprenderlos mientras colocaban los regalos. Siempre que Pedro nos proponía algo, nosotros, como éramos los pequeños, teníamos que aceptarlo para no quedar como gallinas ni chivatos. Y, sin embargo, yo sentía miedo por intentar transguedir una norma tan antigua como el niño Jesús. Como Enrique también se hacía el valiente, a mí no me quedaba otra que disimular mis temores. Así nos dispusimos a pasar la noche en vela para desvelar el secreto de la magia que hacía aparecer de la nada los regalos de la noche de Reyes en nuestro dormitorio.

Sin embargo, siempre he sido un dormilón redomado. Llegado un punto, los párpados se me cierran como si fueran de plomo y mi mente deja vagar mi espíritu en la libertad de los sueños. Esa noche me despertó un resplandor en el balcón del dormitorio. Vivíamos en una primera planta, con un balcón de doble hoja a la calle. Abrí los ojos a tiempo de ver a mi hermano Pedro agazapado hacia la puerta de entrada del dormitorio por donde esperaba ver llegar a mis padres. Sorprendido por la luz del balcón, se giró sobre sí mismo. Yo me llevé el embozo de la sábana hasta tapar mi nariz y atisbar con los ojos entornados por encima. Las puertas de balcón se abrieron y un Rey comenzó a entrar. Pedro dio un salto y se metió debajo de la cama. Enrique no se movía. Los tres quedamos en silencio. Yo no hubiera podido moverme aunque quisiera porque el miedo me tenía atenazado, ni siquiera me atrevía a respirar. Lentamente entró mientras una luz del exterior recortaba su silueta. Ya dentro, un paje le fue acercando desde el aire unos paquetes envueltos. El Rey Melchor, el de la barba rubia, los cogió uno a uno y los fue depositando a los pies de la cama. Por un momento temí que se diera cuenta de que lo que había debajo de las mantas de la cama de mi hermano Pedro era la almohada que él había puesto en su lugar para tratar de engañar a mis padres. Pero si se dio cuenta, no hizo ningún gesto extraño. Después, con mucha tranquilidad, tomó uno de los vasos de leche que dejábamos todos los años preparados y se lo pasó al paje que estaba fuera. Había una escalera apoyada en la barandilla del balcón. Tomó otro y lo bebió pausadamente. Depositó los vasos en el mismo lugar donde los había encontrado. Y sin otro ruido, se deslizó hacia el exterior cerrando tras de sí la doble hoja de la ventana. Al momento, la luz fue atenuándose hasta que regresó la noche. No se oía nada en la casa. Tampoco se oían los ronquidos de mi padre que tanto me tranquilizaban. No me atrevía a moverme, ni a hablar. No sabía dónde estaban mis hermanos ni que hacían. Unas risas sonaron en la calle, después el sonido del motor de una motocicleta. Rumores. ¿Estarían aún allí? En ese miedo me fui adormilando hasta que, no sé cuánto tiempo después, alguien encendió la luz del dormitorio. Enrique, subido a la cama, le había dado al interruptor. Pedro se arrastró de debajo de la cama. En su rostro tenía marcas de haber llorado y una mancha vergonzosa en el pantalón de su pijama. Recuerdo que se enfadó tanto que no quiso abrir sus regalos. Y nunca nunca volvió a hablarnos de los Reyes Magos.

Y es que con las cosas mágicas no hay que jugar. Todavía hoy les pido mis regalos a los Reyes Magos. Y este año me he acordado de todos vosotros, nuestros amigos de más allá del Atlántico. Así que les he pedido que os cuiden y que os lleven mucha salud y felicidad, y que si les quedáis demasiado lejos, que hablen con Papá Nöel para que, de su parte, os dé un abrazo fuerte.

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